“Voy al psicólogo ¿y qué?”

Hasta hace bien poco reconocer que alguien iba al psicólogo no estaba bien visto. El desconocimiento y las falsas creencias hacían creer a muchísimas personas que quien iba al psicólogo era un “enfermo mental” o un “desiquilibrado” ¿Por qué? Porque los psicólogos te solucionaban los problemas que no podías afrontar tu solo, porque “te comían el coco” y porque curaban “enfermedades emocionales”.

Untitled 1Hoy por hoy sabemos que nada de esto es así. En muchísimos países tener un psicólogo a tu lado es tan habitual como contar con tu médico de cabecera y, por supuesto, quien solicita este tipo de ayuda profesional no tiene por qué tener ningún desequilibrio ni mucho menos una enfermedad. El psicólogo nos ayuda en nuestros baches del día a día para afrontar mejor las situaciones que, como seres humanos que somos, no siempre sabemos abordar de la forma efectiva y saludable.

Hoy por hoy también sabemos que un psicólogo nunca es quien te soluciona los problemas ni quien te dice lo que debes hacer. Por el contrario, te ayuda en el camino de crear tus propias soluciones para que, por ti mismo, sortees las situaciones difíciles y puedas, de cara al futuro, ser más fuerte y habilidoso en este sentido.

En este mismo sentido, el psicólogo no te va a convencer de nada de lo que tú no estés convencido. Simplemente va a ayudarte a desarrollar tus potencialidades y a crecer emocionalmente según tus fortalezas personales. Y, por supuesto, un psicólogo no cura enfermedades por la sencilla razón de que no es médico ni psiquiatra y, por lo tanto, no medica.

Si el psicólogo no medica entonces ¿qué hace? ¿escuchar mis penas? Si y no. El psicólogo no es un baúl vacío en el que guardar tu malestar, claro que va a escucharte, pero de un modo científico. Es decir, un psicólogo no es tu amigo, sino un profesional que cuenta con herramientas suficientes como para convertir tu discurso y tu actividad diaria en algo positivo para ti.

El diván ya apenas se utiliza (o yo, al menos, nunca lo he utilizado) Nos miramos frente a frente, trabajamos juntos y nos marcamos objetivos claros. Hay tarea dentro y fuera del despacho. Acudir al psicólogo es tener el propósito de querer cambiar algo que no te gusta de tu vida, es ponerte las pilas para realmente encontrar tu felicidad porque, al fin y al cabo, solamente para eso estamos en este mundo.

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